Yo Fer, escrito autobiográfico

Por Fernanda Merla, Alumna de LunaEPF

Ya no sé si mi recuerdo es el recuerdo de una historia o la memoria misma, la memoria de quien he sido. Desde hace unos años quiero viajar a esa esencia y a ese sentir que yo sentía pleno y puro, el de mi yo de pequeña y, aunque hoy me pregunto si esos sentires realmente estaban libres de todas las imposiciones y expectativas de lo que debía de ser, hay anécdotas que siento como premoniciones de mi ser de hoy; “Diego, tu hermana está corriendo desnuda de nuevo”, nunca me gustó bañarme, no sé si era el agua o que el baño marcaba el final del día, que por ser la más pequeña era la primera en tener que terminarlo. Nunca me gustó bañarme y entonces me escapaba, mientras mi hermano y mi hermana jugaban aún en el jardín con las demás infancias del condominio, ahí tenía que estar yo, parada, desnuda, escuchando al agua correr a las otras jugar. Así que siempre que podía me escapaba cuando Juanis, la adolescente que ayudaba a mi madre a cuidarnos, se distraía, yo salía corriendo en busca de un poco más de libertad ¿Por qué yo, por ser la más pequeña, tenía que vivir menos, correr menos, experimentar menos? Creo que esas son las palabras que le pongo hoy al sentimiento de ese entonces. Y es que cuando recuerdo estas historias, mi yo de hoy me hace más sentido, me encuentro más, me entiendo más.

De pequeña también solía decirle a mi mamá que a pesar de que yo nací al final, fui la primera en llegar a su panza, solo que dejé a mi hermana y mi hermano salir antes; creo que el sentirme más pequeña nunca fue un sentimiento que me gustara, había una búsqueda constante en mí por hacer las cosas que veía a “los más grandes” hacer, ya fuera salir a jugar, comer comida completa -no papilla- o ir a la escuela.

O aquel día en el que llegué con todo mi clóset encima, lista para salir y mi mamá me miró, de arriba a abajo, aunque la distancia que sus ojos tenían que recorrer no era muy larga, me miró y me dijo: Fer ¿qué haces vestida así? Nada combina y entonces yo le respondí: ¿cómo que no combina? si soy un arcoíris. Pero también están los días en los que sí me sentía pequeña y sí me sentía gris, los días en los que no entendía por qué no podía tener amigas en la escuela, por qué no me sentía parte de, días en los que ser la más pequeña de la familia me pesaba, por el camino que quienes iban antes de mí, ya habían trazado, pero ese camino a mí no me quedaba.

Estando hoy encerrada, me cuesta trabajo decir quién soy, porque creo que mi ser está mucho en mi hacer y ahora eso es complicado, pero creo que de una u otra manera sigo siendo esa Fer que corre desnuda, porque no se quiere perder las experiencias de la vida, llevando el arcoíris encima. Esa Fer que siente mucho y que a veces se espanta de lo mucho que le puede hacer sentir el mundo y la gente que en él habita, la Fer que traza su camino y que cuestiona su lugar en la familia, una Fer que busca construir con y relacionarse con: las personas.

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