Capitalismo vs Salud Femenina

Por Tessa Galeana

El cuidado de nuestro cuerpo no es aquello que los capitalistas nos han hecho creer que es, con un mercado plagado de productos de “cuidado femenino” que lo único que provocan es que nuestra salud no sea la adecuada. Por ejemplo, el uso de rastrillos para la depilación, cremas corporales y productos de supuesta limpieza íntima, no son productos que en verdad cuiden nuestro cuerpo, porque pareciera que los pelos, el olor y la piel natural, son un error biológico, un defecto de las mujeres.

Si tomamos en cuenta que los vellos en las axilas o los genitales, fungen como protectores naturales para nuestro cuerpo, tanto del frío como del calor excesivo, de los rayos UV y del polvo, además de servir para ralentizar o retener el sudor ¿por qué la industria cosmetiquera se ha empecinado en hacernos creer que las mujeres y solo las mujeres necesitamos retirar nuestros vellos corporales?

Por si fuera poco, nos quieren obligar a consumir productos de higiene íntima, porque el olor de nuestra vulva parece no ser del agrado de los hombres e increíblemente, de las mismas mujeres. También hay que tomar en cuenta que ese olor es natural, porque nuestra vagina tiene secreciones que son normales y se le conoce como flujo vaginal, algo que las mujeres tenemos y que no podemos detener porque es parte de nuestro proceso corporal.  Hay innumerables notas sobre cómo eliminar ese supuesto “mal olor” vaginal, como si las mujeres fuéramos sucias y debiéramos oler siempre a algo así como rosas, durazno, fresas, porque somos frutas y no personas, tal vez.

Tips de belleza en revistas “especializadas”, notas escritas por mujeres, quienes siguen replicando la idea capitalista sobre el cuerpo de las mujeres, sobre la perfección que todas deben alcanzar, obviamente la que los hombres quieren que tengamos, porque todo se trata de mantener la vista de ellos complacida y no nuestra comodidad y verdadera salud corporal.

Dietas, cremas, fajas y brasieres moldeadores de figura, tacones altos, maquillajes, tintes, todo lo que una mujer debería usar para cuidar su cuerpo, todos los productos que en realidad no necesitamos y que nos han impuesto para consumo femenino. Mujeres agobiadas por verse bien, porque no se nos permite envejecer, porque nuestro único delito y error, fue nacer mujeres.

Marcas en el cuerpo, en la piel, órganos internos lastimados, mujeres con ansiedad, con depresión, porque no se pueden ver como los cuerpos que nos muestran en los medios de comunicación. Mujeres que se intervienen quirúrgicamente, porque hay que alcanzar la meta perfecta y que terminan más inseguras y dolidas, porque no lucen como los ideales que el patriarcado quiere para complacer su vista. A las mujeres nos quitan, nos imponen, nos obligan a vernos “bellas”, porque la fealdad no es reconocida.

Así también ha sido con los productos para la menstruación como las toallas sanitarias desechables y tampones que son usados para contenerla y “disimularla”,  porque se nos ha dicho hasta el cansancio, indirecta y directamente, que somos sucias e impuras por menstruar.

Esto ha provocado que muchas mujeres no se den el tiempo de leer su cuerpo y de saber realmente cómo cuidarlo, además, que sepan que su menstruación no es sucia, es un proceso fisiológico que nuestro cuerpo necesita llevar a cabo para desechar los óvulos que no fueron fecundados y que no pueden estar en nuestro cuerpo, es la sangre de la vida que se renueva y que necesita salir para crear nueva.

Las toallas sanitarias desechables que el capitalismo introdujo en el mercado comercial hace 34 años aproximadamente, no son amigables ni con nuestro cuerpo, ni con el medio ambiente, pues tardan unos 500 años, aproximadamente, en degradarse y los tampones, un poco más. Contienen polietilenos y polipropilenos que provocan rozaduras, infecciones, crecimiento descontrolado de los tejidos endometriales, síndrome de shock tóxico y cáncer de ovarios o cérvix.

Sin duda, el capitalismo no está realmente interesado en la salud de las mujeres, lo que buscan es consumismo a costa de la salud de nosotras, porque somos un mero número, una cifra, un precio. Es por eso que de nosotras depende tomar consciencia y no fomentar más daño a nuestro cuerpo, por medio de productos tóxicos que nos quieren presentar como inofensivos y acercarnos a prácticas que permitan un saneamiento y encuentro real con el cuidado de nuestro cuerpo.

La belleza patriarcal es dañina y también mata.

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